Dentro de una caracola...


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miércoles, 14 de julio de 2010

Viejas costumbres.

Todos los días recorría de arriba a bajo esas callejuelas sin apenas el menos murmullo, aparte de alguna ocasión en la que algún turista perdido le preguntaba que camino debía tomar para llegar a su destino.

El Sol era radiante, extrordinariamente radiante en comparación a los otros días. El caminaba por la sombra, con las manos en los bolsillos y los cabellos despeinados bajo la gorra, no sacaba las manos a menos que fuera para fumar, o para rascarse la barba.
Una barba canosa y áspera. Su expresión facial era expresiva, tenia las arrugas marcadaa y las cejas pobladas. Vestia con una camiseta vieja que le quedaba enorme, unos pantalones de chándal y unas deportivas viejas.

El, arrastra su moral por donde pasa, dobla esquinas y observa cada minímo detalle de las aceras. Cada alcantarilla significa algo, y es costumbre charlar con las palomas y gatos.
Ellas tal vez, tengan algo mejor que contar que esos hombres de los trajes oscuros y corbatas chillonas, que pasan por su lado constantemente, ajetreados sin tiempo ni para pensar hacia donde van.Se sentaba diariamente en el mismo banco, contemplaba la gente pasar.
Policías y vagabundos de su gremio pisaban el mismo suelo que el, pero no todos merecian el bocadillo de las dos cuarenta y cinco.

Recorría la ciudad constantemente, el conocía los rincones mas inóspitos, los lugares con los árboles mas robustos, y los trozos de parque con el césped mas esponjoso.
Caminaba por la orilla cada tarde hasta que el Sol caía, y observaba las mareas y las olas, acariciaba la espuma y volvia a las callejuelas por los caminos mas paridisíacos. Acariciaba siempre a la vuelta los camos de trigo, sentía al viento abrazar cada parte de su cuerpo y hacia aletear los trozos de tela sobrantes.

Para siempre en el cuaquier supermecado a comprar una lata de cerveza, la mas barata, la mas fría.Se sentaba en el bordillo de cualquier acera cuando ya no pasaban los coches, a tomarsela tranquilamente.Siempre terminaba tumbado, observando el desguace de la luna, y pensando en todo aquello que no sicedió nunca.
El mundo seguia siendo complicado, y el demasiado simple o quizás al revés.
Un colchón de hormigón le arropaba en noches oscuras.Y una serie de quimeras le cantaban las nanas correspondientes para conciliar asi el sueño.
Su vida era simple, no hablaba, no jugaba, no corría.Solo reflexionaba y suspiraba.

Algo demsiado sobresaliente de lo común como para poder contar algo mas de su vida.

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