No teneis ni pajolera idea. Hablad tanto como podais abrir la boca, furcias.Pero con mi poesía no se juega, y menos aun con mi intimidad.
Visto lo visto, no sirve para nada dejar las cosas claras. (...)
Me zambullí en las aguas mas oscuras, me refleje en charcos donde solo ví escombros, mierda putrefacta que no servía ni para echar a los gusanos. Recorrí un desierto de arena millones de veces, de cabo a rabo. Di dosmil oportunidades, y me jodí desde el suelo viendo salir la Luna cada puta noche siempre tan llena. Vi como las nubes se anteponian ante ella. Me deshice de todas ellas no quedo ni una nube... Comenzaba a volar. Me adentre acojonado en un bosque donde los arboles escondian trampas ocultas, puñaladas que se clavaban en la espalda, dirijidas por el viento. El cielo empezo a ser de fuego, ahora solo son plumas. Podríais comprar doscientas bombillas hijos de puta, que carezco de todas ellas y mi luz no se mide en vatios. Ahora os las dais de poetas, y mañana ¿De qué? Me la sudais, mantengo el hielo bien fresco donde siempre y con su misma forma, bien refrigerado de agua. Y creedme que este frío que me acompaña es lo mejor que me a podido pasar. Hadas que fueron ninfas...
(...) Y bien, en estos momentos lo único que me consuela es saber que no soy como tu. Almenos yo, no tendría los cojones de abrir la boca teniendo tan mal fondo.
Y hablan de mi blablabla... Y no son capaces de mirarse en un jodido espejo.Tengo ojos en la nunca, y las paredes me lo chivan todo.
PUTOS COPIOTAS DE PARVULARIO.
martes, 27 de julio de 2010
sábado, 17 de julio de 2010
Lucha.
Lucha,
Lucha porque es lo único que nos queda.
Cuando todo sea ceniza, cuando no quede nada por lo que luchar, lucha.
Lucha, porque siempre vale la pena, porque cuando no obtengas nada, siempre obtendrás experiencia, como empirista que soy, lo sé a ciencia cierta.
Lucha, lucha solo por lo que amas, hazlo, porque si hoy es un dia gris, lo unico que lo tintara será luchar por ello.
No puedes lamentarte de nada si no as luchado por ello antes, no puedes llorar sin luchar por reir.
Lucha, porque siempre tendrás un amanecer esperandote, unos brazos arropandote, o en cualquier caso, siempre tendrás un papel y un boli.
Lucha porque hay un día para ti, y si no luchas por que llegue, no va a llegar.
Lucha, y todo sera mas sencillo aunque esto se contradiga...
Solo la brisa y las gotas,
Tracé mil versos líricos,
Es literario, nada más,
Mi retina ve pamplinas,
Que define circunstancias,
Mi mandato no es el éxito,
Si el amor es una mierda...
Lucha porque es lo único que nos queda.
Cuando todo sea ceniza, cuando no quede nada por lo que luchar, lucha.
Lucha, porque siempre vale la pena, porque cuando no obtengas nada, siempre obtendrás experiencia, como empirista que soy, lo sé a ciencia cierta.
Lucha, lucha solo por lo que amas, hazlo, porque si hoy es un dia gris, lo unico que lo tintara será luchar por ello.
No puedes lamentarte de nada si no as luchado por ello antes, no puedes llorar sin luchar por reir.
Lucha, porque siempre tendrás un amanecer esperandote, unos brazos arropandote, o en cualquier caso, siempre tendrás un papel y un boli.
Lucha porque hay un día para ti, y si no luchas por que llegue, no va a llegar.
Lucha, y todo sera mas sencillo aunque esto se contradiga...
Susurro entre suspiros,
por un sutíl surtido,
de susceptibles notas,
en el atríl elejido.
Solo la brisa y las gotas,
entre ceniza y tiros,
borran sonrisas de un poeta,
en el paraje del olvido.
Tracé mil versos líricos,
mientras trazaron con líquido,
fines de semana típicos,
el litoral de mi mar...
Es literario, nada más,
no obstante soy el objetor,
resignado al aguante,
aguantando cualquier dolor.
Mi retina ve pamplinas,
y eso causa un trastorno,
tratado desde las tarimas,
trébol de cuatro pájinas.
Que define circunstancias,
previstas, y esperadas,
de circo, pero sin gracia,
agrícola de léxico.
Mi mandato no es el éxito,
el éxodo del físico,
acató cada castigo,
cada ausencia de un amigo.
Si el amor es una mierda...
camino solo conmigo,
con un corazón de piedra,
reiterando lo que digo.
Parte Emas.
"Pollos en contra", (Pollo producciones+Rec)
miércoles, 14 de julio de 2010
Viejas costumbres.
Todos los días recorría de arriba a bajo esas callejuelas sin apenas el menos murmullo, aparte de alguna ocasión en la que algún turista perdido le preguntaba que camino debía tomar para llegar a su destino.
El Sol era radiante, extrordinariamente radiante en comparación a los otros días. El caminaba por la sombra, con las manos en los bolsillos y los cabellos despeinados bajo la gorra, no sacaba las manos a menos que fuera para fumar, o para rascarse la barba.
Una barba canosa y áspera. Su expresión facial era expresiva, tenia las arrugas marcadaa y las cejas pobladas. Vestia con una camiseta vieja que le quedaba enorme, unos pantalones de chándal y unas deportivas viejas.
El, arrastra su moral por donde pasa, dobla esquinas y observa cada minímo detalle de las aceras. Cada alcantarilla significa algo, y es costumbre charlar con las palomas y gatos.
Ellas tal vez, tengan algo mejor que contar que esos hombres de los trajes oscuros y corbatas chillonas, que pasan por su lado constantemente, ajetreados sin tiempo ni para pensar hacia donde van.Se sentaba diariamente en el mismo banco, contemplaba la gente pasar.
Policías y vagabundos de su gremio pisaban el mismo suelo que el, pero no todos merecian el bocadillo de las dos cuarenta y cinco.
Recorría la ciudad constantemente, el conocía los rincones mas inóspitos, los lugares con los árboles mas robustos, y los trozos de parque con el césped mas esponjoso.
Caminaba por la orilla cada tarde hasta que el Sol caía, y observaba las mareas y las olas, acariciaba la espuma y volvia a las callejuelas por los caminos mas paridisíacos. Acariciaba siempre a la vuelta los camos de trigo, sentía al viento abrazar cada parte de su cuerpo y hacia aletear los trozos de tela sobrantes.
Para siempre en el cuaquier supermecado a comprar una lata de cerveza, la mas barata, la mas fría.Se sentaba en el bordillo de cualquier acera cuando ya no pasaban los coches, a tomarsela tranquilamente.Siempre terminaba tumbado, observando el desguace de la luna, y pensando en todo aquello que no sicedió nunca.
El mundo seguia siendo complicado, y el demasiado simple o quizás al revés.
Un colchón de hormigón le arropaba en noches oscuras.Y una serie de quimeras le cantaban las nanas correspondientes para conciliar asi el sueño.
Su vida era simple, no hablaba, no jugaba, no corría.Solo reflexionaba y suspiraba.
Algo demsiado sobresaliente de lo común como para poder contar algo mas de su vida.
El Sol era radiante, extrordinariamente radiante en comparación a los otros días. El caminaba por la sombra, con las manos en los bolsillos y los cabellos despeinados bajo la gorra, no sacaba las manos a menos que fuera para fumar, o para rascarse la barba.
Una barba canosa y áspera. Su expresión facial era expresiva, tenia las arrugas marcadaa y las cejas pobladas. Vestia con una camiseta vieja que le quedaba enorme, unos pantalones de chándal y unas deportivas viejas.
El, arrastra su moral por donde pasa, dobla esquinas y observa cada minímo detalle de las aceras. Cada alcantarilla significa algo, y es costumbre charlar con las palomas y gatos.
Ellas tal vez, tengan algo mejor que contar que esos hombres de los trajes oscuros y corbatas chillonas, que pasan por su lado constantemente, ajetreados sin tiempo ni para pensar hacia donde van.Se sentaba diariamente en el mismo banco, contemplaba la gente pasar.
Policías y vagabundos de su gremio pisaban el mismo suelo que el, pero no todos merecian el bocadillo de las dos cuarenta y cinco.
Recorría la ciudad constantemente, el conocía los rincones mas inóspitos, los lugares con los árboles mas robustos, y los trozos de parque con el césped mas esponjoso.
Caminaba por la orilla cada tarde hasta que el Sol caía, y observaba las mareas y las olas, acariciaba la espuma y volvia a las callejuelas por los caminos mas paridisíacos. Acariciaba siempre a la vuelta los camos de trigo, sentía al viento abrazar cada parte de su cuerpo y hacia aletear los trozos de tela sobrantes.
Para siempre en el cuaquier supermecado a comprar una lata de cerveza, la mas barata, la mas fría.Se sentaba en el bordillo de cualquier acera cuando ya no pasaban los coches, a tomarsela tranquilamente.Siempre terminaba tumbado, observando el desguace de la luna, y pensando en todo aquello que no sicedió nunca.
El mundo seguia siendo complicado, y el demasiado simple o quizás al revés.
Un colchón de hormigón le arropaba en noches oscuras.Y una serie de quimeras le cantaban las nanas correspondientes para conciliar asi el sueño.
Su vida era simple, no hablaba, no jugaba, no corría.Solo reflexionaba y suspiraba.
Algo demsiado sobresaliente de lo común como para poder contar algo mas de su vida.
martes, 13 de julio de 2010
Párpados al alba.
Se levantó e hizo la cama.
Abrió las ventanas dejando penetrar así los primeros rayos de luz del alba, que ensalzaron las blancas sábanas de una cama de matrimonio vacía. El silencio resultaba incómodo a los oídos, tanto que incluso esos rayos de luz reflejaban suspiros.
Entre el ambiente de calma se ató los cordones, siempre la misma disciplina, abrocho cuidadosamente cada botón de su camisa.Y se fué hacia al baño, donde un empañado espejo le reflejo la misma imagen de siempre. Nítida y simple.Un chirrido fue la advertencia del agua saliendo del grifo, agua clara y fría con la que roció su tez. Secó con una toalla blanca sus manos delicadas y se encaminó hacia el frigorífico. Sacó el brick de leche, se sirvió una taza, y mientras ojeaba un periódico que apenas le importaba se la tomó.
El transcurso de las hojas embadurnadas en tinta provocaba un sonido extraño, relajante, pero extraño. Cuando alcanzó la ultima página del diario lo apartó, y sacó un cigarro de la cajetilla.
Lo encendió y reflexionó sobre esos momentos de calma, mientras observaba la luz a través de la ventana. Esas cortinas...
Esa cortinas de siempre, finas y pulcras que no dejaba de mirar cada mañana, reflejaban la paz del verano...
Decidió asomarse al balcón, apartó las cortinas, y dejo correr esa brisa de aire fresco con olor a mar, procedente de la playa. Era un olor reconfortante.
A estas horas nadie se adentra en la arena a plasmar las huellas de los pies, pero pudo percibir a lo lejos dos pescadores sentados en la rocas con el sombrero y la camisa abierta.
En ese instante todo fue perfecto.
Hasta que sin más un gorrión se posó sobre la barandilla, el canto era pausado y relajante.
Se aparto el flequillo del pelo, y se dirigió a la puerta.
Tomó el pomo con decisión y la abrió...Tras el umbral de esa puerta todo estaba como debía, el parquet bajo la moqueta marcaba el tempo de sus pasos, como un reloj.
Bajó las escaleras y cruzó el portal, depositó en el suelo la colilla y prosiguió con su andadura.
Callejuelas con paredes blancas, sin la mas minima imperfección que turbara la armonía del paisaje. Dobló la esquina y algo cambio, la chica del otro día estaba en la parada, sentada, con la mirada perdida, los pies sobre el asiento y abrazando sus rodillas.
Los pasos resonaban y el pulso aceleraba a cada centímetro recorrido, el ritmo cardiaco cada vez era mas y mas fuerte, las palmas de las manos empezaron a sudarle, no dejaba de morderse el labio, estaba nervioso.
Cuando llegó al punto en el que ya era casi imposible volver la cabeza, la miró.
:-Verás, yo...
Las palabras se estancaban en la garganta, las cataratas de luz de su cabello chocaban contra los labios finos de aquella chica, incluso podía palpar como salpicaban contra el. La chica gesticuló, remarcando las comisuras, se colocó las lentes y alzo la mirada.
:-¿Tu?.
El nudo en la garganta cada vez ejercía mas presión...
Ella se puso en pié, se apartó los cabellos de la cara y se acercó asta el punto que consiguió que temblaran las rodillas...
Ambos cerraron los ojos, una cremallera de pestañas hablaba por ellos. El reloj se paro, el viento dejó de soplar y...
:- ¡Rodrigo!, me as oído, levántate, has vuelto a dejar el cuarto echo una pocilga, recoge la ropa y baja, llegamos tarde.
Abrió las ventanas dejando penetrar así los primeros rayos de luz del alba, que ensalzaron las blancas sábanas de una cama de matrimonio vacía. El silencio resultaba incómodo a los oídos, tanto que incluso esos rayos de luz reflejaban suspiros.
Entre el ambiente de calma se ató los cordones, siempre la misma disciplina, abrocho cuidadosamente cada botón de su camisa.Y se fué hacia al baño, donde un empañado espejo le reflejo la misma imagen de siempre. Nítida y simple.Un chirrido fue la advertencia del agua saliendo del grifo, agua clara y fría con la que roció su tez. Secó con una toalla blanca sus manos delicadas y se encaminó hacia el frigorífico. Sacó el brick de leche, se sirvió una taza, y mientras ojeaba un periódico que apenas le importaba se la tomó.
El transcurso de las hojas embadurnadas en tinta provocaba un sonido extraño, relajante, pero extraño. Cuando alcanzó la ultima página del diario lo apartó, y sacó un cigarro de la cajetilla.
Lo encendió y reflexionó sobre esos momentos de calma, mientras observaba la luz a través de la ventana. Esas cortinas...
Esa cortinas de siempre, finas y pulcras que no dejaba de mirar cada mañana, reflejaban la paz del verano...
Decidió asomarse al balcón, apartó las cortinas, y dejo correr esa brisa de aire fresco con olor a mar, procedente de la playa. Era un olor reconfortante.
A estas horas nadie se adentra en la arena a plasmar las huellas de los pies, pero pudo percibir a lo lejos dos pescadores sentados en la rocas con el sombrero y la camisa abierta.
En ese instante todo fue perfecto.
Hasta que sin más un gorrión se posó sobre la barandilla, el canto era pausado y relajante.
Se aparto el flequillo del pelo, y se dirigió a la puerta.
Tomó el pomo con decisión y la abrió...Tras el umbral de esa puerta todo estaba como debía, el parquet bajo la moqueta marcaba el tempo de sus pasos, como un reloj.
Bajó las escaleras y cruzó el portal, depositó en el suelo la colilla y prosiguió con su andadura.
Callejuelas con paredes blancas, sin la mas minima imperfección que turbara la armonía del paisaje. Dobló la esquina y algo cambio, la chica del otro día estaba en la parada, sentada, con la mirada perdida, los pies sobre el asiento y abrazando sus rodillas.
Los pasos resonaban y el pulso aceleraba a cada centímetro recorrido, el ritmo cardiaco cada vez era mas y mas fuerte, las palmas de las manos empezaron a sudarle, no dejaba de morderse el labio, estaba nervioso.
Cuando llegó al punto en el que ya era casi imposible volver la cabeza, la miró.
:-Verás, yo...
Las palabras se estancaban en la garganta, las cataratas de luz de su cabello chocaban contra los labios finos de aquella chica, incluso podía palpar como salpicaban contra el. La chica gesticuló, remarcando las comisuras, se colocó las lentes y alzo la mirada.
:-¿Tu?.
El nudo en la garganta cada vez ejercía mas presión...
Ella se puso en pié, se apartó los cabellos de la cara y se acercó asta el punto que consiguió que temblaran las rodillas...
Ambos cerraron los ojos, una cremallera de pestañas hablaba por ellos. El reloj se paro, el viento dejó de soplar y...
:- ¡Rodrigo!, me as oído, levántate, has vuelto a dejar el cuarto echo una pocilga, recoge la ropa y baja, llegamos tarde.
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