Lo dedujo, esa iba a ser su ultima noche...
De manera que sacó la mochila, y la llenó con, bebidas energéticas, unos cuantos gramos de marihuana, algo de hachís, tabaco, papel y un par de mecheros.
Empujó los amplios portones de madera, y salió en busca de la libertad que nunca conoció.
Eran pasadas las 12, los bajos de los pantalones anchos resonaban enzarzados con las imperfecciones del asfalto. Se paró en el banco mas acogedor del parque, se abrochó la chupa asta el cuello, se metió la mano en el bolsillo derecho y sacó el móvil, puso música, algo de reggae quizás para echar a volar las horas y se puso manos a la obra.
Primero el papel, rompió un piti, trituró aquello, pegó lo otro, encendió esto, y se quedó contemplando el cielo estrellado de aquella noche.
Nunca, jamás creyó en los deseos ni mucho menos, pero en aquel instante no pudo evitar desear con todas su fuerzas estar ahí, en aquella estrella mirando desde el otro lado el desastre dentro de esta canica.
El frío le congelaba las manos, abrió la mochila y extrajo una bebida isotónica.
Las horas pasaban cada vez más rápido mirando aquella estrella, pensando en como se vería todo desde allí, quien sabe, alomejor en aquella estrella el olvido juega veloz.
El móvil remugó, se estaba quedando sin batería... "De puta madre" murmuro ahora si que nadie iba a molestarle.
Se metió las manos en los bolsillos y empezó a construir otro cilindro de los sueños...
Esa fué la doctrina aquella noche, nada de gente, nada de seres queridos, nada de últimas voluntades, ni de despedidas, solo los sueños y aquel banco de madera mojado por el frío y la humedad.
Un desperdicio de noche para cualquiera que no tuviese la mas mínima idea de lo que es ser feliz, una noche asquerosa para aquel que no se conoce así mismo, para aquel que no disfruta únicamente del silencio y de estar lejos de sus mentiras.


